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miércoles, 10 de noviembre de 2010

La terapia escrita me acaba de tirar el paro, independientemente de la hora.

Desde que recuerdo vivo un algo que no muchos conocen, y lleva por nombre "vida".

Vida en su sentido más amplio, vida racional, moral y en abundancia. Vida al fin. Cuestiones que acá se ignoran, independientemente de la displicencia, cuestiones que de este lado parecieran no importar. Se sufre muerte en vida, incluso antes de que nazcan de nuevo.

El respeto al derecho ajeno pasó a ser optativo y pareciera que mi obligación actual es respetar a quien no respeta, y de no hacerlo, deber sufrir los embates del imbécil con iniciativa y diatribas que no superan un diáfano "La costumbre se hace ley, compañero" (palabras de un prefecto que no duró ni un par de semanas a.k.a. "señor barriga" que nos torció jugando cartas y se quiso imponer pero falló). La insensatez de la anterior frase (real en su sentido más objetivo) se comprueba con una serie de aberraciones a las que nos han acostumbrado y que me vienen a la mente tales como:

  • La "unión libre"
  • Un "pacto de convivencia"
  • Recientemente un matrimonio en forma (me pregunto por qué la tendencia heterosexual radica en querer relaciones sin compromiso y la tendencia homosexual se dirige ahora a un compromiso más que formal, eterno y bajo las normas divinas, ¿qué pedo?...)
  • Que por ley y cada sexenio, sin contar la basca interna, se deba votar por 3 ideales ególatras/partidocráticos que benefician a la puntita del iceberg mientras los que estamos bien hundidos y hasta abajo somos precisamente los responsables de los mismo y lo mismo (yo no soy siquiera ciudadano, pero me incluyo pues soy/somos parte de un todo).
  • O la libertad de culto siempre y cuando no incluya actos contra la constitución, que pareciera solapar que la mitad de los ciudadanos, muchos dirigentes, las principales televisoras y muchos más le rinden tributo y pleitesía a otro país manufacturado con oro de nombre "El Vaticano" donde hay un presidente aforado violador de niños y nazi según los más arriesgados que  se hace llamar "El máximo pontífice" al cual hasta le besan la mano sin saber por donde la ha pasado (la mano) o si es de la bestia misma, o lo que es peor, a sabiendas de donde ha morado esa mano y de que podría pertenecer al mismo anticristo.
  • Y todas esas cosas que, por costumbre, han vuelto una ley inherente a la vida todos esos muertos vivientes que me rodean.
Vivo estoy, y el vestigio es esta tinta y estos bits que conforman letras. Y aunque no escribiera, vivo estaría.

Tal vez en un futuro, dentro de unas 6 generaciones de mis descendientes, que aún no existen, ninguno de ellos me recuerde, así como no recuerdo y seguramente nunca sabré quién fue el abuelo de mi tatarabuelo, el cual, por más que haya muerto hace no menos de 100 años, pareciera estar más vivo que muchos de con los que convivo.

Yo supe evadir ese limbo zombi que otros hasta disfrutan, sé cómo no ser de esas personas que dejaron su calidad de personas olvidada otrora.

Menciono lo anterior y lo que sigue porque un ser que no da señales de ser un ser, le haría más bien al planeta y a la humanidad misma de paso como composta y abono 3 metros bajo tierra, ya que carecen de eso que es parte esencial del ser humano, son sin alma, sin espíritu, sin raciocinio, sin otros sentimientos que no sean el hedonismo propio del que ve por sí, sin amor, poseedores de solo (disque ya no se acentúa) un cuerpo que pareciera guiarse nomás por lo escatológico y que se dedica a tenerle miedo a la muerte... ¿Miedo a la muerte? Si esos hace mucho que expiraron, pero, no sé si por moda, están bastante vigentes.

Para muestra y por ahora actual, mi salón de clases, donde si alguien demuestra cierto afecto, es nomás su hipocresía actuando, donde puede dársele la espalda al docente (si él no lo hizo primero) para hablar de las barbaries más tremendas para luego carcajear cual hiena en brama. Donde todos creen tener la razón siendo que abandonan la razón misma, donde me di cuenta de que sacar un 10 representa la antonimia completa de integridad y/o sentido común. Donde de un lado reina el alcohol, donde del otro reina la sumisión al extranjero, la total falta de actitud o el creer ser algo totalmente diferente a lo que se medio es y donde en mí reina la total prevaricación, pereza e incongruencia. Donde se callan la boca cuando es momento de hablar, donde no la cierran cuando el silencio debería inundar la sala. Donde me han de creer un cualquiera pero cuando hablo, aparte de que me doy cuenta de mi ignorancia, los demás me prestan más atención que yo a mí mismo y donde por ahora me encuentro encerrado e inconscientemente evadiendo un castigo injusto que radica en barrer, ahora que me doy cuenta. Tal vez por eso nació esta idea, de ser así lo agradezco.

El día que un humano llega a los niveles antes mencionados, más le valdría morir, si no es que como humano ya está muerto.

Que no les suene a próximo artífice de la masacre en Columbine, que nada tiene que ver, solo describo una terrible condición vitalicia.




Alejandro

 

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